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IMÁGENES PROCESIONALES
Por
María
Dolores
Herrero
del
Pino
Desde su primitiva fundación en el Colegio de Jesús, la Cofradía ha ido incrementando su patrimonio escultórico. A causa de la brevedad de esta página, nos centraremos en el estudio de las obras procesionadas actualmente.
DULCE NOMBRE DE JESÚS NAZARENO.
Autor:
Diego
de
Vega.
Fecha:
1581.
Medidas:
174x5lx26
cms.
Madera
policromada.
Nada se conocía sobre el entallador de tan insigne obra. Fue José Escalante quien descubrió en el Archivo Histórico Municipal los datos sobre la autoría de Diego de Vega, escultor que vivió en Antequera en el último cuarto del s. XVI.
El
documento
encontrado
fue
un
contrato
fechado
el
30
de
Marzo
de
1581,
en
el
que
varios
cofrades
del
Dulce
Nombre
de
Jesús,
encargaban
a
Diego
de
Vega
la
escultura
de
un
“Xto
Nazareno
de
siete
quartas
y
media
de
altura
.de
la
peana
en
que
a
de
yrpuesto(
..
)
de
la
manera
que
se
suele
retratar
Xto
Nazareno
llevando
la
cruz
a
cuestas,
gueca
y
en
proporcion
conforme
a
la
dicha
imagen
de
Xto.
y
el
dicho
retrato
de
Xto.
a
de
ser
rostro
y
manos
y
pies
bien
tallados
y
propocionado
en
un
ser
como
se
requiere
en
la
dicha
figura,
lo
demas
del
cuerpo
a
de
ser
sacada
solamente
sacada
la
forma
de
él,
pegada
una
tunica
de
algodon
rrecío
engrudado
y
vestida
en
el
dicho
cuerpo
y
sacados
los
pliegues
y
trafas
que
inuestren
sus
naturalidades...”.
De
esta
obra
sólo
se
mantienen
en
la
actualidad
con
certeza
el
fragmento
correspondiente
al
torso,
la
cabeza
y
probablemente
los
pies.
Descartándose
la
originalidad
de
las
manos,
ya
que
se
conserva
una
antigua,
en
poder
de
uno
de
los
miembros
de
la
Hermandad.
Probablemente
ambas
manos
fueron
sustituidas,
con
el
fin
de
adaptarlas
a
la
cruz
de
plata
en
el
s.
XVIII..
Se
trata
por
lo
tanto
de
una
imagen
de
vestir,
que
en
su
día
estaría
recubierto
por
telas
encoladas
o
estucadas,
como
demostraron
los
restos
de
estuco
encontrados
en
su
restauración.
En
el
torso
se
observa
una
perfecta
talla
de
la
musculatura
del
abdomen
y
del
pecho.
Pero
lo
más
interesante
son
su
rostro
y
cuello,
perfectamente,
esculpidos
y
con
rasgos
muy
realistas.
En
su
postura
se
puede
observar
un
ligero
contraposto
al
girar
el
tronco
y
la
cabeza
con
respecto
a
las
extremidades.
Nos
encontramos,
en
fin,
ante
una
obra
manierista
de
rasgos
estilizados
y
postura
muy
enhiesta,
que
no
se
rinde
bajo
el
peso
de
la
cruz.
La
obra
fue
objeto
de
una
espléndida
restauración
en
1991,
llevada
a
cabo
por
el
equipo
de
la
Cartuja
de
Sevilla.
VIRGEN DE LA PAZAutor: Miguel Márquez García. Fecha: 1815. Medidas: 165x36x24 cms. Madera policromada.
La
cabeza
se
encuentra
bellamente
trabajada
en
suaves
mechones
de
pelo
que
se
parten
en
dos
por
su
zona
central
y
se
recogen
en
la
parte
de
atrás
en
un
pequeño
recogido,
al
modo
de
las
religiosas
de
la
época;
esta
característica
la
distingue
de
otras
dolorosas
de
vestir
que
presentan
el
cráneo
liso
para
llevar
peluca
de
pelo
natural.
Su
rostro
nos
muestra
ese
dolor
contenido
que
nuestro
La
policromía
es
de
tonos
pálidos
en
sus
carnaciones
de
rostro
y
manos,
y
ligeramente
sonrosado
en
determinadas
partes;
grisácea
azulada
en
el
resto
de
la
talla.
La
última
restauración
corrió
a
cargo
del
equipo
de
Santa
María
de
la
Cuevas
en
el
año
1992.
CRISTO
DE
LA
BUENA
MUERTE
Y
DE
LA
PAZ.
Autor:
Diego
de
Vega.
Fecha:
1582.
Medidas:
190x
1
73x3
6
cms
.Madera
policromada.
Su
hechura,
como
la
del
Dulce
Nombre,
también
se
debe
a
Diego
de
Vega,
quien
el
26
de
Enero
de
1582
firmó
el
finiquito
de
esta
obra
-la
escultura
tuvo
un
montante
de
10
ducados-
con
el
mayordomo
de
la
Cofradía
del
Santo
Crucifijo.
Representa
a
un
Cristo
muerto
de
tamaño
mayor
al
natural
y
de
gran
robustez
de
formas.
La
cabeza
cae
muy
inclinada
hacia
la
derecha
y
en
el
rostro
podemos
apreciar
claramente
los
rasgos
estéticos
de
las
obras
de
Diego
de
Vega,
con
el
pelo
ligeramente
tallado
sin
grandes
incisiones
y
caído
en
mechones
al
igual
que
la
barba.
Pómulos
muy
salientes,
ojos
cerrados
y
boca
entreabierta.
El
paño
de
pureza
es
muy
limitado,
con
poco
movimiento,
característico
de
una
obra
de
filiales
del
siglo
XVI.
Sujeto
por
un
cordón,
que
roza
directamente
su
cadera
derecha,
deja
por
ello
en
ese
lado
un
desnudo
completo
del
cuerpo
de
Cristo.
La policromía actual no corresponde con la primitiva -parece que se modificó en el s. XVIII- pero fue a causa de su última restauración por parte de algunos miembros de la junta de esta Cofradía en los años 80, cuando se le cambió y se repolicromó, con las carnaduras que presenta en la actualidad. Policromía que no correspondería con la primitiva, que debía ser de tonos más marfileños y de brillos más apagados.
NIÑO PERDIDO
Anónimo.
Finales
del
s.
XVI
-
com.
del
XVII.
Medidas:
103x55x2O
cms.
Madera
policromada.
Como quiera que hay referencias documentales alusivas a la existencia de un Niño Pasionario procesionado ya en las últimas décadas del quinientos, queda abierta la interrogante de si el Niño Perdido actual es la misma talla que fue titular de la cofradía, hasta que se produjo el traslado del Dulce Nombre.
El
artífice
de
esta
gran
pieza
realizó
un
Niño
de
unos
seis
a
ocho
años,
con
una
anatomía
perfecta
y
muy
esbelto
de
formas,
no
rollizo
como
en
el
Barroco.
En
el
rostro
sus
ojos
claman
al
cielo
y
de
ellos
resbalan
lágrimas
de
cristal,
sobre
unas
carnaduras
de
tonos
muy
claros
con
ligeros
toques
de
rojo
en
párpados
y
mejillas;
el
pelo
le
cae
en
grandes
mechones
poco
trabajados.
Su
brazo
derecho
se
encuentra
sosteniendo
o
apoyándose
en
una
cruz
que
es
el
símbolo
de
su
futuro
sufrimiento.
En
sus
extremidades
inferiores
presentaba
una
policromía
posterior
-no
sabemos
de
qué
época-
pero
que
a
causa
de
los
barnices
aplicados
había
reaccionado
amarilleando.
Dicho
repinte
fue
retirado
en
la
última
restauración,
llevada
a
cabo
por
el
Taller
Municipal
de
Restauración
del
Excmo.
Ayuntamiento
de
Antequera,
en
la
que
se
limpió
y
consolidó
el
resto
de
las
carnaciones.
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